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¿Se ha acelerado el cambio de régimen de liquidez por el conflicto entre Estados Unidos e Irán? | VT Markets

by VT Markets
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Mar 4, 2026

Puntos clave:

  • Un posible cambio de política en la Reserva Federal (el banco central de EE. UU.) bajo Kevin Warsh favorecería intervenir con liquidez más tarde, en vez de apoyar al mercado de inmediato.
  • El conflicto entre EE. UU. e Irán podría acelerar el ciclo de liquidez por choques del petróleo (cambios bruscos en el precio por interrupciones de oferta), mayor demanda de dólares y condiciones financieras más estrictas (crédito más caro y difícil de obtener).
  • A corto plazo, esto sugiere fortaleza del dólar y presión sobre los activos de riesgo (inversiones que suelen caer cuando sube el miedo), incluido Bitcoin.
  • A mediano y largo plazo, el estrés geopolítico y el aumento del gasto público elevan la probabilidad de volver a políticas monetarias más flexibles (más dinero circulando y tasas más bajas).
  • El punto central es cuándo llega la liquidez, no si regresa.

Un debate monetario se cruza con un shock geopolítico

La discusión sobre el rumbo de la política monetaria de Estados Unidos (decisiones sobre tasas y dinero en circulación) se intensificó después de que Donald Trump nominara a Kevin Warsh para dirigir la Reserva Federal, a la espera de la confirmación del Senado de Estados Unidos.

Aunque el proceso de confirmación sigue en curso, los mercados ya ajustan sus expectativas.

El debate ya no ocurre “aislado”. Las tensiones crecientes entre Estados Unidos e Irán suman un factor geopolítico (riesgos por conflictos entre países) a un entorno macroeconómico frágil (economía en general: crecimiento, inflación, empleo y tasas). La pregunta ya no es solo si nace un nuevo régimen monetario (una forma distinta de manejar el dinero y el crédito), sino si los shocks externos lo adelantan.

El tema no es si volverá la liquidez (dinero disponible para prestar e invertir), porque suele volver. Importa el momento, el tamaño y el método. La inestabilidad geopolítica suele acortar los tiempos.

Un cambio de enfoque monetario

Kevin Warsh fue gobernador de la Reserva Federal de 2006 a 2011, durante la Crisis Financiera Global (la crisis de 2008). Desde que salió, ha dicho que los mercados dependen demasiado del apoyo del banco central.

Según su visión, inyectar liquidez demasiado pronto evita un reajuste necesario de precios (que los activos bajen a niveles más realistas) y fomenta tomar riesgos de más, pensando que siempre habrá rescate.

Warsh no se opone por completo a bajar las tasas de interés (el “precio” de pedir dinero prestado). Reconoce que la deuda alta y los problemas para comprar vivienda pueden requerir políticas acomodaticias (políticas que facilitan el crédito). Lo que rechaza es expandir sin parar el balance del banco central (cuando la Reserva Federal acumula más activos, como bonos) y la idea de que cada caída se responda de inmediato con compras de activos (principalmente bonos) y líneas de liquidez (programas para prestar dinero al sistema financiero).

Esto contrasta con el enfoque asociado a Jerome Powell, bajo quien la Reserva Federal ha preferido desplegar liquidez rápido para reducir la volatilidad (subidas y bajadas fuertes) y estabilizar los mercados.

Ambos enfoques al final aumentan la liquidez. La diferencia es cómo se reparte el costo:

  • Uno amortigua las caídas desde temprano y de forma gradual.
  • El otro tolera el estrés, obliga a que se ajusten los precios y actúa con fuerza solo cuando aparece riesgo sistémico (riesgo de que se rompa el sistema financiero).

Esta diferencia afecta de forma importante a monedas, bonos (deuda), acciones y activos digitales.

Cómo entra el conflicto EE. UU.–Irán

Una escalada geopolítica, sobre todo si afecta infraestructura energética o hay confrontación militar, impacta por tres vías rápidas:

  1. Volatilidad del precio del petróleo
  2. Flujos hacia “refugio” en el dólar (compras de dólares por seguridad)
  3. Endurecimiento de las condiciones financieras globales (crédito más caro y menos disponible)

Las tensiones más altas entre EE. UU. e Irán elevan el riesgo de interrupciones de oferta en Medio Oriente, lo que puede llevar los precios del crudo (petróleo sin refinar) al alza. La energía más cara alimenta las expectativas de inflación (anticipación de subidas de precios) cuando los bancos centrales intentan que la inflación baje.

Esto crea un dilema.

Si la inflación sube por shocks de oferta (menos oferta de energía por conflicto), es más difícil justificar una postura restrictiva de liquidez (menos dinero circulando). Pero si los mercados reaccionan con fuerza, sobre todo en crédito (deuda corporativa y préstamos) o en mercados emergentes, crece la presión para intervenir.

En la práctica, el estrés geopolítico acorta el tiempo en que una estrategia de “aguantar el dolor” puede funcionar.

Implicaciones para el dólar, Bitcoin y metales preciosos

Dólar estadounidense

En periodos de escalada geopolítica, el dólar suele fortalecerse porque el capital global busca seguridad y liquidez. Una postura tipo Warsh, con menos disposición a dar estímulo inmediato (medidas para impulsar el crédito y los mercados), reforzaría esa fortaleza en el corto plazo.

Sin embargo, si la inestabilidad por el conflicto amenaza el funcionamiento del sistema financiero, es probable que se amplíen rápido las facilidades de liquidez (programas para prestar a bancos e instituciones). Cuando regresa una intervención grande, vuelve a dominar el riesgo de pérdida de poder de compra (que el dinero alcance para menos) en el largo plazo.

Bitcoin y criptoactivos

Los activos sensibles a la liquidez, como Bitcoin, quedan muy expuestos a cambios en el régimen monetario.

Retener la liquidez a propósito suele presionar las posiciones especulativas (apuestas a corto plazo) en el corto plazo. Los mercados cripto se enfrían cuando se seca la “liquidez marginal” (el dinero extra que empuja el siguiente tramo de subidas).

Pero si un conflicto obliga a intervenir de golpe, en especial con repos ampliados (préstamos de muy corto plazo con garantía) o herramientas del balance (acciones de la Reserva Federal que aumentan o cambian sus activos), el rebote en activos de riesgo puede ser rápido. El camino se vuelve más volátil, aunque no necesariamente más bajista a largo plazo.

La diferencia clave es la secuencia: primero el dolor, después la liquidez.

La misma lógica aplica a metales preciosos como el oro y la plata.

Oro y plata

Para el oro y la plata, el momento importa menos que lo inevitable. Con liquidez temprana o tardía, los déficits fiscales sostenidos (cuando el gobierno gasta más de lo que recauda), el mayor gasto en defensa y la fragmentación geopolítica (más bloques y menos cooperación) requieren financiación (con deuda o dinero).

Si el conflicto EE. UU.–Irán se prolonga, subiría el gasto en defensa, empeorarían las cuentas fiscales y aumentaría la probabilidad de políticas monetarias más flexibles. Los metales preciosos suelen anticipar eso en su precio.

Qué probablemente priorizaría un marco liderado por Warsh

Con una Reserva Federal influida por Warsh, el énfasis probablemente se alejaría de un estímulo permanente por compras de activos (conocido como “expansión cuantitativa” o quantitative easing: cuando el banco central compra bonos para bajar tasas y aumentar el dinero en el sistema) y se movería hacia herramientas que no obliguen a agrandar el balance de forma constante.

La Standing Repo Facility (una ventanilla de préstamos “repo” de la Reserva Federal) tomaría protagonismo. En vez de comprar bonos todo el tiempo, los bancos podrían obtener liquidez a un día (overnight: por una noche) dejando colateral de alta calidad (activos seguros como garantía) cuando lo necesiten. La liquidez funcionaría como oxígeno de emergencia: disponible, pero sin inundar el mercado.

Este marco depende de ajustes al Supplementary Leverage Ratio (SLR), una regla creada tras 2008 que obliga a los bancos a mantener capital (recursos propios) frente a su exposición total (el tamaño total de lo que tienen y deben). Relajar el SLR en periodos de estrés permitiría que los balances privados (capacidad de los bancos para prestar) crezcan sin que el banco central tenga que comprar activos de inmediato.

En teoría, esto mantiene la disciplina del mercado (que los participantes asuman consecuencias) y evita un colapso del sistema. En la práctica, los shocks geopolíticos pueden reducir la tolerancia al dolor.

¿Se está acelerando el cambio de régimen de liquidez?

El cambio de régimen no trata de si vuelve la liquidez. Trata de si las autoridades dejan que la volatilidad elimine excesos antes de intervenir.

El conflicto EE. UU.–Irán aumenta la probabilidad de que el estrés llegue antes de lo previsto.

Si sube el precio de la energía, la inflación complica las decisiones de tasas. Si los mercados caen fuerte, suben los riesgos para la estabilidad financiera. Si el déficit fiscal crece por gasto en defensa, con el tiempo gana fuerza el argumento para políticas monetarias más flexibles.

Por eso, la escalada geopolítica actúa como catalizador: no cambia la filosofía, pero puede obligar a actuar antes.

La paradoja: alguien que promueve disciplina podría terminar supervisando una intervención más fuerte, porque el entorno lo exige.

Un posible panorama para 2026

Hacia 2026, se plantea un escenario de dos fases, pero las tensiones entre Estados Unidos e Irán pueden cambiar cuánto dura cada fase.

Fase uno: disciplina de liquidez

Si Kevin Warsh sigue este enfoque, al inicio del año dominaría la restricción de liquidez. Un ajuste cuantitativo (quantitative tightening: lo contrario a comprar activos; el banco central reduce su balance) o una intervención limitada fortalecerían el dólar, pesarían sobre las exportaciones y provocarían una corrección en activos de riesgo, posiblemente hacia la mitad del año.

Pero una escalada geopolítica, como saltos del precio del petróleo o un mayor gasto fiscal por defensa, podría acortar esta fase. La energía más cara complica la inflación, y la volatilidad del mercado podría obligar a intervenir antes. Así, el conflicto EE. UU.–Irán quizá no evite el endurecimiento, pero sí puede adelantar el punto en que la disciplina cede a la ayuda.

Fase dos: liquidez y legitimidad

En la segunda fase, vuelve la liquidez, ya sea por repos ampliados (más préstamos de corto plazo con garantía) o por una intervención más amplia si los mercados empiezan a fracturarse (con fallas en crédito y liquidez).

Al mismo tiempo, un rechazo a marcos de moneda digital de banco central (CBDC: dinero digital emitido por el banco central) y el reconocimiento formal de Bitcoin podrían reposicionar las criptomonedas: de ser solo un instrumento especulativo a un activo estratégico. En ese marco, Bitcoin dependería menos del exceso de liquidez y más de su aceptación institucional (uso y respaldo por parte de instituciones) en un mundo geopolíticamente fragmentado.

Conclusión

El resultado depende menos de la ideología que de la ejecución.

Un escenario es que Trump tolere el dolor del mercado para priorizar el crecimiento interno y reformas estructurales (cambios de fondo en la economía). Otro es más táctico: Warsh aporta credibilidad, luego llegan recortes de tasas, y si los mercados se rompen por la tensión geopolítica, vuelve una intervención agresiva.

En ambos casos, el cierre es similar. La disciplina de liquidez a corto plazo puede fortalecer el dólar y presionar a Bitcoin. Pero si la tensión geopolítica acelera el gasto público y la inestabilidad financiera, la liquidez puede volver antes de lo esperado.

El camino puede ser volátil, pero evitar una nueva expansión monetaria (más dinero y crédito en el sistema) es difícil.

Preguntas frecuentes (FAQ)

1) ¿Cómo afecta el conflicto EE. UU.–Irán a la liquidez global?

Si suben las tensiones entre Estados Unidos e Irán, puede reducirse la liquidez global por precios del petróleo más altos, más volatilidad y mayor demanda de dólares. Si el conflicto interrumpe el suministro de energía o eleva el gasto en defensa, el déficit fiscal puede ampliarse (más gasto que ingresos), lo que aumenta la probabilidad de una futura expansión monetaria (más dinero y crédito).

En resumen: al inicio, el conflicto puede drenar liquidez, pero con el tiempo puede acelerar el regreso del apoyo monetario.

2) ¿Qué es un “cambio de régimen de liquidez”?

Un cambio de régimen de liquidez es un cambio estructural (de fondo) en cómo los bancos centrales manejan la cantidad de dinero y el estrés financiero. En el sistema actual, la Reserva Federal a menudo inyecta liquidez temprano para estabilizar los mercados.

El nuevo régimen implicaría tolerar primero la volatilidad, permitir el reajuste de precios y solo intervenir cuando aparezca riesgo sistémico (amenaza al sistema financiero). La diferencia está en el momento, no en si la liquidez regresa.

3) ¿Por qué Kevin Warsh cambiaría la política de la Reserva Federal?

Kevin Warsh sostiene que los mercados dependen demasiado del apoyo del banco central. Su marco propone limitar las compras continuas de activos (expansión cuantitativa: compras de bonos para inyectar dinero) y usar más facilidades de emergencia como operaciones repo (préstamos de corto plazo con garantía).

Si se confirma, la política podría enfocarse al inicio en más disciplina y menos crecimiento del balance (menos acumulación de activos por parte del banco central), aunque la historia sugiere que la intervención sigue siendo probable cuando hay estrés sistémico.

4) ¿El conflicto EE. UU.–Irán fortalecería el dólar?

Históricamente, las tensiones geopolíticas aumentan la demanda por activos refugio (inversiones consideradas más seguras). El dólar suele fortalecerse en la incertidumbre global porque es la principal moneda de reserva (la más usada por gobiernos y bancos centrales) y también una moneda de financiamiento (muy usada para comercio y deuda).

Sin embargo, si el conflicto se prolonga, agranda el déficit fiscal y obliga a políticas monetarias más flexibles, puede haber pérdida de poder de compra en el largo plazo.

5) ¿Cómo reaccionaría Bitcoin a un cambio de régimen de liquidez?

Bitcoin es muy sensible a la liquidez global (a qué tan fácil es conseguir dinero para invertir).

  • Con restricción de liquidez, Bitcoin puede enfrentar presión a corto plazo por menos flujo especulativo (menos dinero para apuestas de alto riesgo).
  • Si el estrés obliga a una nueva expansión monetaria, Bitcoin podría beneficiarse por más liquidez y por su percepción de escasez (oferta limitada).

La fragmentación geopolítica también puede aumentar la relevancia estratégica de Bitcoin más allá de la especulación.

6) ¿La guerra puede acelerar la “impresión de dinero”?

La guerra no implica automáticamente “imprimir dinero” (crear más dinero en el sistema). Pero sí eleva el gasto del gobierno, aumenta la necesidad de endeudarse y puede incrementar la inestabilidad financiera. Si el mercado no logra absorber tanta deuda nueva, los bancos centrales pueden intervenir para estabilizar las condiciones.

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