Dependencia asiática de importación de energía
Las economías asiáticas obtienen alrededor de 65% de sus importaciones de crudo (petróleo sin refinar) desde Medio Oriente, además de 27% de productos petroleros refinados (combustibles ya procesados, como gasolina o diésel) y 17% de gas natural. También compran cerca de 45–50% de los líquidos del gas natural (componentes del gas natural usados como combustible y materia prima), como el propano, desde esa región. Los riesgos no se limitan al precio del crudo: también existe la posibilidad de escasez de energía (falta de disponibilidad), lo que podría frenar la actividad económica. Los efectos indirectos pueden incluir impactos en la producción de alimentos, los viajes, el transporte y el turismo. Una postura más moderada de Donald Trump se describe como una reducción del riesgo extremo de una recesión global (contracción fuerte de la economía). El artículo indica que la incertidumbre continúa.Implicaciones para operar y cubrir riesgos
Los ejercicios navales recientes en el Golfo recuerdan que los problemas de fondo siguen sin resolverse. Las primas de seguros por riesgo de guerra (costo adicional para asegurar barcos ante conflicto) para los petroleros (buques que transportan petróleo) que cruzan el Estrecho ya subieron 10% desde enero. Ese costo se trasladará y se sentirá en las economías asiáticas. Esto muestra que el mercado empieza a cobrar de nuevo un mayor riesgo. Para quienes operan derivados (contratos financieros cuyo valor depende de otro activo, como una moneda), esto sugiere prepararse para más volatilidad (cambios rápidos y fuertes) en pares como USD/KRW (dólar vs. won surcoreano) y USD/INR (dólar vs. rupia india). En Corea del Sur, el índice de precios al productor (medida de precios en la etapa de producción, antes del consumidor) subió 0.7% en febrero, y se señaló a las importaciones de energía como el principal impulso, lo que confirma estas presiones. Comprar opciones (contratos que dan el derecho, no la obligación, de comprar o vender a un precio) para cubrirse (reducir pérdidas) ante una caída repentina de la moneda parece más prudente ahora que al inicio del año. No se trata solo del precio del petróleo, sino del riesgo de una escasez real de energía que limite la actividad económica. Esto recuerda al shock energético de 2022, que contribuyó a una fuerte depreciación (pérdida de valor) del yen japonés. El impacto potencial, desde la producción de alimentos hasta el turismo, podría generar un shock económico con varios frentes. Por eso, quienes operan deben desconfiar de la calma relativa vista desde el inicio de este año. Puede ser útil considerar estructuras (combinaciones de instrumentos) que protejan ante caídas en las monedas de grandes importadores de energía como Filipinas y Tailandia. A la vez, las monedas de exportadores netos de energía (países que venden más energía de la que compran), como el ringgit malasio, podrían funcionar como una cobertura relativa (protección parcial) en este entorno.
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