
Diciembre cerró un año exigente para los mercados globales, y la esperada reunión de la Reserva Federal (Fed, el banco central de EE. UU.) marcó un punto de inflexión.
Fue un año de crecimiento bajo (cuando la economía avanza despacio), presiones de inflación persistentes (subidas de precios difíciles de bajar) y riesgo geopolítico constante (conflictos y tensiones entre países). La Fed aplicó su tercer recorte consecutivo de tasas, tras un periodo prolongado de política restrictiva (tasas altas para enfriar la economía y la inflación).
Los activos de riesgo (inversiones con más volatilidad, como acciones) recibieron bien el anuncio al inicio, pero el mensaje fue prudente.
Las presiones inflacionarias se moderan, pero la Fed dejó claro que las próximas decisiones dependerán de los datos (inflación, empleo y actividad económica).
La inflación de servicios “pegajosa” (precios de servicios que bajan lentamente) y un mercado laboral resistente (empleo firme) siguen limitando recortes fuertes en 2026. Esto refuerza la idea de un camino gradual, no rápido.
La divergencia de políticas sigue siendo un tema central
El Banco de Inglaterra (BoE, el banco central del Reino Unido) también recortó tasas, ya que la demanda interna se enfrió y la inflación se moderó, dando margen para ajustar la política.
Aun así, el BoE advirtió obstáculos estructurales (problemas de fondo que no se resuelven rápido), como una oferta de mano de obra ajustada (poca disponibilidad de trabajadores) y un fuerte crecimiento salarial (sueldos al alza), que complican su ruta de tasas.
Esto reforzó el tema de 2025: los bancos centrales movieron las tasas a ritmos distintos, porque las economías avanzan de forma desigual y con riesgos diferentes.
Los activos de riesgo cierran 2025 con fuerza
Pese a los obstáculos, las bolsas terminaron el año en niveles altos. El recorte de la Fed en diciembre reforzó la expectativa de que las condiciones financieras se relajarán de forma gradual en 2026 (crédito más accesible y menor presión por tasas).
El S&P 500 y el Nasdaq se acercaron a zonas de récord, mientras el Dow marcó nuevos máximos. La reacción al recorte fue moderada, señal de que el mercado ya lo había “descontado” (ya estaba reflejado en los precios).

Las subidas se concentraron en sectores sensibles al crecimiento (que se benefician cuando la economía y el financiamiento mejoran), sobre todo tecnología e IA (inteligencia artificial), que impulsaron el desempeño de los índices durante el año.
El oro refuerza su papel de refugio
El oro extendió su racha en diciembre y cerró el año con ganancias de más de 60%. La plata subió aún más: más de 100%.
Los menores rendimientos reales (rendimiento ajustado por inflación), la diversificación de los bancos centrales (compras para depender menos de una sola reserva) y el estrés geopolítico impulsaron la demanda de ambos metales.
El recorte de la Fed señaló un posible techo en los rendimientos reales, reduciendo el costo de oportunidad de mantener oro y otros activos sin rendimiento (que no pagan intereses, como el propio oro).
Las tensiones en Europa del Este y Medio Oriente, junto con la incertidumbre por aranceles (impuestos a importaciones) y compras sostenidas de bancos centrales, reforzaron el papel del oro como cobertura (protección) estratégica.
La plata también se benefició de tendencias de demanda estructural (cambios de largo plazo), ligadas a la electrificación, la infraestructura para IA y la expansión de energía “verde” (renovable).

El petróleo cierra el año bajo presión
El petróleo crudo tuvo un cierre mixto y débil en 2025. Persistieron las dudas sobre la demanda, especialmente en China y partes de Europa, donde el crecimiento siguió perdiendo fuerza.
Aunque la OPEP+ (alianza de países productores) mantuvo disciplina de oferta (control de producción), el aumento de producción fuera de la OPEP, sobre todo en EE. UU., limitó el potencial de alza.
El recorte de la Fed en diciembre ofreció poco apoyo, porque el mercado energético reacciona más a señales de demanda que a las tasas de interés.
El salto de precios a mitad de año, por el aumento de tensiones entre Israel e Irán, duró poco. En el año, el petróleo quedó rezagado: la solidez de la oferta pesó más que las interrupciones por factores geopolíticos.

El mercado cambiario se ajusta a los recortes de tasas
En el mercado de divisas (compra y venta de monedas), el dólar se debilitó levemente tras el recorte de la Fed, dando algo de alivio a monedas emergentes. Sin embargo, los flujos de capital (entrada y salida de dinero) fueron selectivos.
La libra esterlina y el euro tuvieron un alza limitada, frenados por perspectivas de crecimiento más débiles y la incertidumbre sobre la política económica.
La libra se debilitó tras el recorte del Banco de Inglaterra, ya que el mercado ve al Reino Unido más expuesto a un panorama de menor crecimiento y poco margen fiscal (capacidad limitada del gobierno para gastar o bajar impuestos sin aumentar riesgos).

En 2025, el Índice Dólar (USDX, medida del dólar frente a una canasta de monedas) cayó con fuerza en el primer semestre por la desaceleración y porque los operadores anticiparon recortes de la Fed. En el segundo semestre se estabilizó por demanda de refugio (búsqueda de seguridad) y mejor desempeño relativo. El USDX terminó el año en consolidación (movimiento lateral) entre 96.25 y 100.50.
El mercado cripto encuentra un piso
Las criptomonedas se estabilizaron en diciembre tras una corrección fuerte en noviembre (caída rápida de precios). Bitcoin encontró soporte (zona donde aparece compra) y operó en un rango más estrecho, señal de mayor confianza.
La tendencia general se mantuvo: diciembre fue una etapa de consolidación (pausa para estabilizar precios), no de giro a la baja.
El recorte de la Fed apoyó el apetito por riesgo (disposición a invertir en activos más volátiles), mientras creció el interés institucional en productos cripto regulados (instrumentos bajo supervisión y reglas).

Los principales motores de 2025
En todas las clases de activos (categorías como acciones, bonos, divisas y materias primas), cuatro fuerzas macro (factores generales de la economía) marcaron el año: inestabilidad geopolítica, fricciones comerciales globales (tensiones por comercio y aranceles), políticas divergentes de bancos centrales y el equilibrio entre relajar condiciones sin reactivar la inflación.
Diciembre unió estos factores: oro, acciones y algunas monedas reaccionaron a un entorno macro complejo, pero con una dirección más clara.
Señales tempranas a seguir en enero
Al iniciar 2026, el mercado seguirá de cerca cómo los cambios de política se reflejan en los datos económicos.
Los primeros datos de IPC (Índice de Precios al Consumidor, la inflación al detalle), cifras de empleo y encuestas manufactureras (sondeos a empresas sobre producción y pedidos) guiarán el ánimo sobre si los recortes de tasas avanzan sin reavivar la inflación.