El estratega de Rabobank, Michael Every, presenta narrativas contrapuestas sobre el papel global del dólar estadounidense. Cita la visión de Adam Tooze en el Financial Times de que el USD ya no es una divisa de reserva global, y lo describe más bien como un “dólar de ganancias” sustentado por el alza de los precios de los activos. La nota también enmarca la discusión en términos de realpolitik, contraponiendo la financiarización a la producción, y señala la ausencia de un marco alternativo en los debates sobre si debería reducirse la tenencia de dólares.
Every también apunta a una columna de opinión en The New York Times de Mohamed El-Erian, quien sostiene que “a Estados Unidos le estaban jugando. La Doctrina Bessent dice que esos días se acabaron”, y que la diplomacia económica (economic statecraft) está reconfigurando los resultados corporativos y económicos. En ese relato, la seguridad nacional, la política interna y la geopolítica ya no están subordinadas a los intereses empresariales tradicionales, y esos intereses empresariales están siendo desplazados. Luego la atención se centra en las próximas minutas de la Fed, con una referencia a la Doctrina Warsh y una pregunta sobre qué tan breves podrían ser las minutas.
De la financiarización a los impulsores geopolíticos del dólar estadounidense
Vemos un cambio fundamental en lo que impulsa al dólar estadounidense, alejándose de los retornos puramente financieros hacia un marco de interés nacional y geopolítica. La idea de que el dólar es solo un “dólar de ganancias” respaldado por el alza de los activos se está volviendo obsoleta. Ahora debemos incorporar en precios los factores de diplomacia económica y seguridad nacional como los principales motores del mercado.
Esto no es solo teoría; lo estamos viendo en los datos del segundo trimestre de 2026. Los volúmenes de comercio entre Estados Unidos y sus rivales geoestratégicos han caído casi 12% interanual, mientras que el comercio con naciones aliadas ha aumentado. Este cambio, impulsado por políticas, en los flujos de capital y bienes es una consecuencia directa de la consolidación de la llamada “Doctrina Bessent”.
Para los operadores de derivados, esto significa que los indicadores económicos tradicionales están perdiendo poder predictivo. La volatilidad estará determinada menos por los datos de inflación y más por anuncios de política exterior o restricciones comerciales. El índice VIX lo ha reflejado, manteniendo un promedio elevado de 21 en los últimos seis meses, muy por encima de las normas históricas durante periodos de crecimiento económico.
También hemos observado que los bancos centrales a nivel global continúan una tendencia que se aceleró en 2022. Las compras oficiales de oro por parte de bancos centrales de mercados emergentes suben otro 4% en el primer semestre de este año, una cobertura clara de largo plazo frente a activos denominados en dólares. Esta diversificación silenciosa subraya una respuesta global a la instrumentalización de las finanzas.
Implicaciones de mercado y estrategias de trading en un nuevo régimen
El comportamiento reciente de la Reserva Federal también señala una nueva era de incertidumbre, que podemos aprovechar. Las minutas de la reunión del mes pasado fueron, en efecto, más concisas y menos reveladoras, lo que sugiere que la Fed busca máxima flexibilidad en un entorno políticamente cargado. Esta falta de una orientación prospectiva clara probablemente mantendrá elevada la volatilidad implícita en los mercados de tasas de interés, como en las opciones sobre futuros SOFR.
En las próximas semanas, deberíamos anticipar movimientos bruscos e impredecibles del dólar en función de titulares de política, más que del calendario económico. Consideramos que las estrategias que se benefician del aumento de la volatilidad, como los straddles largos en pares principales como EUR/USD, son más prudentes que adoptar una visión direccional simple. La trayectoria del dólar será accidentada a medida que los mercados intenten poner en precio estas nuevas realidades geopolíticas.
Esta lógica se extiende a las acciones y a los commodities, donde los resultados corporativos ahora están explícitamente vinculados a consideraciones geopolíticas. Deberíamos considerar el uso de opciones para cubrir exposición en sectores sensibles a la política de seguridad nacional, como semiconductores y minerales críticos. Un fallo comercial repentino ahora podría tener un impacto más inmediato que el reporte de resultados trimestrales de una empresa.
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