Inflación de la Eurozona y foco del BCE
Se mencionó a los precios de la energía como el principal impulso de la inflación general, y la atención se desplazó a la reunión del BCE del 29 al 30 de abril. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, dijo que el banco debe mantenerse “completamente flexible” con las tasas y que los responsables de política no tienen preferencia por endurecer (subir tasas). Los mercados todavía esperan dos subidas de 25 puntos básicos (0,25 puntos porcentuales) este año, con pocas probabilidades para abril. Reuters informó que ahora el mercado ya da casi por descontada una primera subida para junio. En Japón, la ministra de Finanzas Satsuki Takayama dijo que Japón y Estados Unidos acordaron reforzar la comunicación sobre el tipo de cambio (cómo coordinan mensajes sobre el valor de sus monedas) tras conversaciones con el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent. Las autoridades reiteraron que buscan limitar una debilidad excesiva del yen, con poco impacto inmediato en el mercado.Riesgo de intervención y estrategia con opciones
Sin embargo, también hay que considerar el riesgo de intervención de Japón y un BCE cauteloso. Las autoridades japonesas están incómodas con la debilidad del yen, y ya se vio lo efectiva que fue la intervención directa en el mercado (cuando el gobierno compra o vende moneda para mover su precio) a fines de 2022, cuando gastaron más de ¥9 billones para apoyar la moneda. Al mismo tiempo, la leve baja de la inflación subyacente de la Eurozona a 2,3% le da a Lagarde argumentos para retrasar subidas y mantener un enfoque “flexible”. Si miramos el entorno de 2025, recordamos cómo el aumento de la brecha de tasas (diferencia entre tasas de interés de dos países) entre un BCE estable y un Banco de Japón muy expansivo (que mantiene tasas muy bajas) impulsó gran parte de la debilidad del yen. Esa tendencia llevó al EUR/JPY a subir con fuerza durante la segunda mitad del año pasado. La situación actual podría ser un punto de inflexión frente a esa tendencia ya conocida. Dado el riesgo de dos resultados posibles (sube o no sube) en la reunión del BCE del 30 de abril, comprar opciones (contratos que dan el derecho, no la obligación, de comprar o vender a un precio definido) parece razonable. Un straddle largo (estrategia que compra una opción de compra, “call”, y una opción de venta, “put”, con el mismo precio de ejercicio) con un precio de ejercicio cerca de 187,30 y vencimiento a mediados de mayo permitiría buscar ganancias si el precio rompe con fuerza hacia arriba o hacia abajo. Esta estrategia permite aprovechar la volatilidad (movimiento fuerte del precio) sin tener que adivinar el resultado exacto de la decisión del banco central.
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