
Puntos clave:
- La revolución de la IA (inteligencia artificial) todavía depende de infraestructura física: centros de datos (edificios con muchas computadoras que almacenan y procesan información), cadenas de suministro (red de fabricación y transporte de partes) y producción industrial.
- El petróleo es clave para el transporte, la construcción y los petroquímicos (químicos hechos a partir de petróleo) usados para fabricar tecnología.
- Las tensiones geopolíticas (conflictos entre países) en regiones grandes productoras de petróleo pueden mover los precios de la energía y aumentar, de forma indirecta, el costo de desarrollar IA.
- Los centros de datos consumen muchísima electricidad, lo que conecta el crecimiento de la IA con el mercado global de energía.
- La IA también está cambiando la industria del petróleo, ayudando a mejorar la exploración, la eficiencia y la producción.
La ilusión de una economía totalmente digital
La inteligencia artificial suele presentarse como la fuerza principal de la economía digital del siglo XXI. Las empresas tecnológicas invierten cientos de miles de millones de dólares en modelos avanzados de IA (programas entrenados con grandes cantidades de datos para reconocer patrones y generar respuestas), mientras gobiernos de todo el mundo aceleran la construcción de infraestructura digital para sostener este cambio.
A medida que la inteligencia artificial se expande en sectores como salud, finanzas, logística (organización del transporte y almacenamiento), manufactura (fabricación) y energía, parece que la economía moderna está impulsada por algoritmos (reglas y pasos para resolver tareas), datos y capacidad de cómputo (potencia de procesamiento).
Crecimiento global de la demanda de electricidad de los centros de datos

Desglose del consumo de energía de los centros de datos
Dato clave: Consumo global de electricidad de centros de datos (2020–2035). Según proyecciones de la IEA (Agencia Internacional de Energía), la demanda de energía de los centros de datos sigue cuatro escenarios principales:
- Lift-Off (crecimiento acelerado): se proyecta que la demanda de electricidad llegue a aproximadamente 1,750 TWh para 2035 (TWh = teravatios-hora, una unidad para medir grandes cantidades de electricidad).
- Escenario base: prevé un aumento gradual hasta cerca de 1,200 TWh para 2035.
- Alta eficiencia: con optimización avanzada (mejoras para usar menos recursos), la demanda podría limitarse a menos de 1,000 TWh.
- Vientos en contra (estancamiento): límites al crecimiento podrían mantener el consumo cerca de 700 TWh.
Para muchas personas, esto sugiere que la economía se está alejando de la industria tradicional. El mundo digital parece funcionar separado de los sistemas físicos que marcaron etapas anteriores del desarrollo económico.
Pero esa idea no muestra toda la realidad.
Aunque sea digital, la revolución de la inteligencia artificial no funciona aislada de la economía tradicional. Detrás de cada algoritmo y sistema inteligente hay una base industrial: producción de energía, cadenas de suministro globales, construcción e infraestructura física.
En el centro de esa base sigue uno de los recursos más importantes de la economía global: el petróleo.
Por qué escalar la IA depende de la industria pesada y del diésel
La inteligencia artificial puede parecer “invisible”, pero los sistemas que la hacen posible son físicos. Los modelos avanzados dependen de infraestructura de cómputo: servidores (computadoras diseñadas para trabajar sin parar), procesadores especializados (chips que hacen cálculos) y centros de datos a gran escala.
Construir un centro de datos moderno se parece a construir un complejo industrial. Estas instalaciones requieren mucho cemento, acero y equipos especializados, además de maquinaria pesada que funciona con combustible diésel (combustible usado en camiones y maquinaria). Los componentes de hardware (partes físicas de computadoras) y los equipos para fabricar semiconductores (chips) viajan por redes globales de logística antes de llegar a su destino.
Una vez en operación, los centros de datos consumen enormes cantidades de electricidad para mantener miles de procesadores funcionando todo el tiempo. También necesitan sistemas de enfriamiento (equipos para mantener la temperatura estable), lo que aumenta el consumo de energía. A medida que se usa más inteligencia artificial, sube rápido la energía necesaria para esta infraestructura digital.
La base petroquímica de la IA: petróleo para fabricar hardware y semiconductores
El petróleo sigue integrado en el sistema industrial que permite la tecnología moderna. Las redes de transporte global que mueven hardware, componentes de semiconductores y equipos electrónicos dependen mucho de combustibles fósiles (combustibles como petróleo, gas y carbón). Además, la industria petroquímica, derivada del petróleo, provee materiales clave para el sector tecnológico.
Muchas partes de la electrónica moderna vienen de procesos petroquímicos. Los plásticos de los dispositivos, los materiales aislantes (materiales que protegen cables y evitan pérdidas eléctricas) y muchas piezas internas de servidores y computadoras dependen de derivados del petróleo. Por eso, incluso los sistemas de inteligencia artificial más avanzados dependen de industrias ligadas a la energía tradicional.
Geopolítica, mercados del petróleo y costo de la tecnología
La influencia del petróleo en la economía digital va más allá de infraestructura y fabricación. Lo que pase en los mercados globales de energía, sobre todo por tensiones geopolíticas, puede cambiar el entorno económico en el que operan los sistemas tecnológicos.
Históricamente, los mercados del petróleo han sido muy sensibles a eventos geopolíticos, especialmente en Medio Oriente, una región con grandes reservas de petróleo y un papel central en el suministro mundial de energía.

Recientemente, los precios del petróleo crudo subieron por encima de 110 dólares por barril por el aumento de tensiones en la región. El mercado reaccionó ante el riesgo de interrupciones del suministro e inestabilidad en rutas clave de energía.
Uno de los “cuellos de botella” (pasos estrechos por donde debe pasar el tráfico) más importantes es el Estrecho de Ormuz. Por ahí pasan unos 20 millones de barriles de petróleo al día, casi 20% del consumo mundial. Por eso es una ruta marítima crítica para transportar energía. Cualquier amenaza en ese paso agrega una “prima de riesgo” (costo extra por incertidumbre) al precio del petróleo, por la posibilidad de que falte suministro.
Mapa satelital que muestra la densidad de barcos en el Estrecho de Ormuz el 27 de febrero de 2026 vs. el 3 de marzo de 2026, destacando este paso marítimo estratégico


Fuente: BBC
Cuando sube el precio de la energía, la tecnología lo resiente
Cuando sube el petróleo, casi nunca afecta solo al sector energético. Los costos más altos se trasladan a toda la economía: aumenta el transporte, sube la fabricación y se encarecen materiales de construcción.
Estos sectores sostienen el desarrollo de la economía digital. Hay que construir centros de datos, fabricar equipos, transportarlos entre continentes e instalar sistemas eléctricos grandes para operar con estabilidad.
Por eso, los cambios en los precios de la energía pueden influir en el costo de construir y operar infraestructura para inteligencia artificial: centros de datos, plantas de fabricación de semiconductores (fábricas de chips) y las cadenas de suministro que sostienen al sector tecnológico.
Aunque la economía se defina cada vez más por datos y algoritmos, el costo de la energía sigue siendo un factor básico del desarrollo tecnológico.
La inteligencia artificial también está transformando la industria del petróleo
La relación entre IA y petróleo no es solo de dependencia. La industria energética ha empezado a usar tecnologías de IA para mejorar la eficiencia y optimizar (mejorar el uso de) recursos.
Las empresas de petróleo y gas usan IA para analizar datos geológicos (información sobre el subsuelo), ubicar zonas con más probabilidad de extracción y mejorar modelos de yacimientos (simulaciones de cómo se comporta el petróleo bajo tierra). También usan aprendizaje automático o machine learning (métodos que aprenden patrones a partir de datos) para predecir fallas de equipos antes de que ocurran, reduciendo paros (tiempo sin operar) y evitando costos altos.
Al mejorar la operación y dar análisis más profundos, la inteligencia artificial ayuda a las empresas de energía a gestionar recursos y optimizar la producción.
Una relación simbiótica entre la economía “vieja” y la “nueva”
Esto muestra una relación de refuerzo mutuo entre la economía digital y los sistemas energéticos tradicionales. El petróleo sostiene la infraestructura industrial que impulsa la IA, y la IA aporta herramientas para que el sector energético opere con más eficiencia.
En lugar de reemplazar a la economía industrial, la inteligencia artificial evoluciona junto con ella.
Las grandes revoluciones tecnológicas casi nunca aparecen aisladas. Se construyen sobre sistemas e infraestructura creados durante décadas. El auge de la inteligencia artificial no rompe con el pasado industrial: lo amplía.
El futuro: tecnología construida sobre energía
La inteligencia artificial es uno de los avances tecnológicos más transformadores de la era moderna. Pero su crecimiento no elimina las bases industriales anteriores.
La revolución digital sigue sostenida por sistemas de energía, cadenas de suministro globales e infraestructura física. Cada modelo de IA, centro de datos y sistema inteligente depende de esas bases materiales.
Las grandes preguntas
- ¿El crecimiento de la IA realmente aumenta la demanda global de petróleo?
Aunque la IA es digital, depende de una expansión física grande. Construir centros de datos requiere producción industrial pesada, y las cadenas de suministro globales dependen de logística que usa mucho combustible para mover hardware. A medida que la IA crece, la base industrial que la sostiene sigue usando mucha energía tradicional.
- ¿Por qué los centros de datos todavía dependen de combustibles fósiles si se están moviendo a energía verde?
El costo de la energía es una parte importante del costo total de tener y operar tecnología (gasto de compra, operación y mantenimiento). Cuando suben las tensiones en regiones como Medio Oriente o cerca de “cuellos de botella” como el Estrecho de Ormuz, el precio del petróleo suele dispararse. Ese aumento se refleja en más costos para fabricar semiconductores, transportar componentes y alimentar la infraestructura donde corre la IA.
- ¿Se usa la IA para hacer más eficiente la industria del petróleo?
La relación es de doble vía. Las empresas de energía usan aprendizaje automático (machine learning, métodos que aprenden de datos) para analizar datos geológicos y ubicar perforaciones con más precisión. La IA también ayuda a predecir fallas de equipos antes de que pasen, lo que reduce paros y mejora la gestión de recursos.
- ¿Por qué el petróleo sigue siendo relevante en una economía cada vez más digital?
La economía digital es engañosa si se ve como algo separado del mundo físico. Además de dar energía, el petróleo es materia prima para la industria tecnológica: los petroquímicos (químicos hechos a partir de petróleo) se usan para crear plásticos, aislantes y piezas internas presentes en servidores y computadoras. La IA no reemplaza la economía anterior; se construye sobre ella.
- ¿La IA aumenta la demanda de petróleo?
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