
A principios de noviembre dominó la amenaza de un cierre del Gobierno de EEUU (parón parcial de la Administración por falta de presupuesto), lo que añadió incertidumbre a los mercados y frenó la publicación de datos económicos. Sin indicadores fiables, la Reserva Federal (Fed, el banco central de EEUU) tuvo menos referencias para decidir su política monetaria (subidas o bajadas de tipos de interés) en un momento clave.
La solución final —aunque temporal— alivió a los activos de riesgo (inversiones que suelen caer cuando aumenta el miedo, como la bolsa). Igual de importante, la reanudación de los datos devolvió visibilidad a políticos e inversores. Con una imagen más clara de crecimiento, inflación y condiciones monetarias (cómo de fácil o caro es financiarse), los traders recuperaron confianza para decidir con más información, y el ánimo del mercado se estabilizó.
También aumentó el debate sobre las valoraciones de las grandes tecnológicas (mega-caps, compañías de enorme capitalización), con dudas sobre si el mercado había entrado en una burbuja de activos impulsada por la IA (subidas excesivas por expectativas).
Nvidia ayudó a calmar esas dudas al presentar unos resultados sólidos del tercer trimestre y unas previsiones fuertes para el cuarto trimestre. El mercado lo leyó como confirmación del ciclo de inversión en IA (CapEx, gasto de capital en equipos y centros de datos) todavía en marcha.
Aunque los índices (referencias bursátiles como el S&P 500) sufrieron buena parte del mes, este impulso favoreció un rebote amplio: el S&P 500 ha recuperado el terreno perdido y vuelve a situarse cerca de máximos históricos, aproximándose al nivel de 7.000 puntos.
Aun así, el entorno sigue siendo exigente. El crecimiento salarial mejoró, pero de forma limitada, y aunque los precios se moderan, el poder de compra del consumidor (capacidad real de comprar con el sueldo) apenas empieza a estabilizarse.
Las expectativas de beneficios para las mega-caps siguen siendo muy altas, con poco margen para decepciones. El riesgo de cierre del Gobierno volverá a finales de enero, y la Fed mantiene un difícil equilibrio al definir su hoja de ruta.
Análisis de mercados
Divisas (Forex)
En noviembre, el mercado de divisas estuvo marcado por cambios en las expectativas de tipos (anticipación de subidas o bajadas), novedades fiscales (presupuestos e impuestos) y políticas divergentes de los bancos centrales.
La moderación de la inflación y la caída de las rentabilidades de los bonos del Tesoro (Treasury yields, el interés que exige el mercado a la deuda de EEUU) llevaron a descontar más probabilidades de un recorte de tipos de la Fed ya en diciembre. Aunque la búsqueda de refugio (compras en momentos de tensión) apoyó al dólar en algunos tramos, la lectura general es que el endurecimiento monetario (subidas de tipos para frenar la inflación) ha terminado, lo que reduce el atractivo por “carry” (ganancia por invertir en una moneda con tipos más altos).
La libra (GBP) se movió por titulares fiscales:
- El presupuesto de otoño del Reino Unido apuntó a incentivos al crecimiento y ajustes selectivos de impuestos.
- Ligero apoyo para la libra, pero con recorrido limitado por la baja productividad y la cautela del Banco de Inglaterra (BoE) con los recortes.
El yen (JPY), bajo presión:
- El Banco de Japón (BoJ) mantuvo una política muy expansiva (tipos muy bajos y condiciones muy favorables de financiación).
- El yen cayó al ampliarse los diferenciales de rentabilidad (brecha de tipos/intereses frente a otras divisas).
- Creció la especulación sobre intervención (compras/ventas oficiales para frenar el tipo de cambio), pero la bajada de rentabilidades en EEUU limitó las pérdidas.

Fig. 1: Gráfico mensual de USDJPY acercándose a una resistencia de largo plazo (zona donde suele frenarse la subida) que se remonta a los años 80
Oro y plata
El oro y la plata mostraron fortaleza en noviembre, ya que el cambio del entorno macroeconómico (variables como crecimiento, inflación y tipos) empujó a los inversores hacia los metales preciosos. La caída de las rentabilidades del Tesoro de EEUU y las mayores expectativas de recortes de tipos apoyaron a ambos.
Con la bajada de los tipos reales (rentabilidad descontando inflación) y un dólar más débil, el oro subió de forma sostenida, apoyado por su papel tradicional como activo refugio (valor que suele proteger en periodos de tensión).
La plata también avanzó, aunque con más volatilidad (oscilaciones más fuertes). Aunque respaldada por las mismas tendencias macro, su doble papel como metal precioso e industrial la hace más sensible a indicadores de fabricación.
La mejora del ánimo sobre la demanda industrial —sobre todo en solar y electrónica— permitió a la plata cerrar el mes con fuerza y volver a acercarse a máximos.

Fig. 2: Gráfico de la plata en 4 horas mostrando un cierre mensual sólido cerca de zona de máximos
Petróleo
El crudo bajó ligeramente en noviembre: una oferta resistente y una demanda más débil pesaron sobre el mercado.
Los indicadores de crecimiento global se suavizaron, y los PMI manufactureros (encuestas a empresas que anticipan si la actividad mejora o empeora) de EEUU, Europa y parte de Asia apuntaron a una desaceleración hacia fin de año.
En la oferta, varios miembros de la OPEP+ (alianza de países exportadores liderada por Arabia Saudí y Rusia) superaron discretamente sus cuotas de producción para asegurar más ingresos ante presiones presupuestarias internas. Eso añadió oferta inesperada.
Mientras, la producción de shale en EEUU (petróleo de esquisto, extraído mediante fractura hidráulica) siguió fuerte, apoyada por mejoras de eficiencia y por coberturas (hedging, contratos para fijar precios y reducir riesgos) que mantuvieron equipos activos aunque el precio bajara.

Fig. 3: Gráfico del petróleo en 4 horas mostrando presión bajista gradual durante noviembre
Índices
Noviembre trajo mucha volatilidad (cambios bruscos de precio) en la renta variable global. El mes empezó con una caída intensa por el temor a que las grandes tecnológicas de EEUU estuvieran sobrevaloradas.
La incertidumbre por el posible cierre del Gobierno de EEUU redujo la visibilidad de datos y frenó el apetito por el riesgo (disposición a invertir en activos más volátiles).
El sentimiento cambió a mitad de mes por dos catalizadores (factores que aceleran el movimiento del mercado). Primero, el cierre se evitó, lo que devolvió confianza y permitió analizar nuevos datos.
Segundo, Nvidia publicó resultados excepcionales, reactivando la confianza en el ciclo de inversión en IA (CapEx) y revirtiendo gran parte de la venta previa liderada por tecnológicas. Esto estabilizó los índices y provocó un rally de alivio (subida tras disiparse parte del riesgo).

Fig. 4: Gráfico del SPX en 4 horas mostrando presión a inicio de mes y rebote a mitad de mes
Cripto
Bitcoin registró una fuerte caída en noviembre por una combinación negativa de factores macro, regulatorios y de estructura de mercado (cómo funciona la negociación: liquidez, flujos y participantes). El mes arrancó con un tono “risk-off” (reducción del riesgo en cartera) al corregir valoraciones exigentes en tecnología, lo que arrastró a activos más especulativos; noviembre se consideró uno de los peores meses de 2025 para BTC.
El aumento del miedo a recesión y la menor liquidez (menos dinero circulando y más difícil financiarse) empujaron al mercado hacia efectivo y bonos a corto plazo (de vencimiento cercano), reduciendo el interés por activos muy volátiles como bitcoin.
La presión regulatoria aumentó cuando varias jurisdicciones relevantes señalaron planes para un control más estricto de las reservas de stablecoins (criptomonedas vinculadas a una divisa, como el dólar, que dependen de activos de respaldo) y de los exchanges offshore (plataformas de compraventa en paraísos fiscales o fuera de los grandes reguladores).
Al mismo tiempo, los mineros de bitcoin (empresas que validan transacciones con ordenadores y cobran en BTC) incrementaron ventas para cubrir el encarecimiento de la energía y la financiación, añadiendo más presión bajista.
El sentimiento en redes sociales se volvió claramente bajista, amplificando la caída y consolidando noviembre como uno de los peores meses del año para bitcoin.

Fig. 5: Gráfico de bitcoin en 4 horas mostrando la marcada venta de noviembre
De cara a diciembre
Al entrar en diciembre, el tono del mercado dependerá del equilibrio entre los nuevos datos y las expectativas de tipos. El regreso de las publicaciones económicas da más base a la Fed y a los inversores, pero el escenario sigue abierto.
La posibilidad de recortes tempranos de tipos, una inflación más estable y unos resultados sólidos ligados a la IA pueden dar apoyo, pero las señales de desaceleración y otro posible cierre del Gobierno en enero mantienen los riesgos presentes.
En este contexto, conviene mantener flexibilidad. Diciembre suele traer menor liquidez (menos volumen de negociación) y reacciones más bruscas, y las condiciones pueden cambiar rápido a medida que los responsables de política económica preparan 2026.
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