Un sondeo de Reuters publicado el martes muestra que los analistas recortan por primera vez desde el inicio de la guerra con Irán sus previsiones del precio del petróleo para 2026, a medida que el tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz mejora gradualmente y se moderan las preocupaciones por una interrupción sostenida del suministro. La encuesta a 31 economistas y analistas sitúa al Brent en una media de 84,50 dólares por barril en 2026, frente a los 90,44 dólares de mayo, mientras que el WTI, referencia en EEUU, se proyecta en 79,49 dólares frente a los 84,63 anteriores. Dentro de 2026, se espera que el Brent ronde los 84 dólares en el tercer trimestre, baje a alrededor de 79 dólares en el cuarto y se desplace a la franja media de los 70 dólares a mediados de 2027; en el momento de redactar estas líneas, el WTI se sitúa en torno a 70,80 dólares, de vuelta cerca de sus mínimos de marzo tras deshacer el repunte ligado a la guerra EEUU-Irán.
El sondeo también apunta a un menor crecimiento de la demanda mundial de crudo en 2026, estimado en torno a 1,0 a 2,0 millones de barriles diarios, con una demanda más débil vinculada a un menor consumo en China, el mayor importador de petróleo del mundo. El WTI sigue siendo una referencia clave, un crudo “ligero” y “dulce” canalizado a través del hub de Cushing, y su precio viene determinado por la dinámica de oferta y demanda, la geopolítica, las decisiones de cuotas de la OPEP y el dólar estadounidense. La atención del mercado también sigue los informes semanales de inventarios del API y la EIA; sus cifras suelen estar próximas, situándose dentro de un 1% entre sí el 75% de las veces. La OPEP está compuesta por 12 productores, mientras que la OPEP+ incluye diez miembros adicionales no pertenecientes a la OPEP, entre ellos Rusia.
Desvanecimiento de los riesgos geopolíticos y cambio del sentimiento de mercado
Estamos viendo cómo los analistas recortan por primera vez desde la guerra con Irán sus previsiones del precio del petróleo para 2026, a medida que se diluyen los temores sobre el suministro. Con la mejora del tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz, la prima de riesgo geopolítico que sostenía los precios se está evaporando. Esto apunta a que un sesgo bajista se está imponiendo en el mercado durante la segunda mitad del año.
La relajación de las tensiones es tangible: datos marítimos recientes muestran que los tránsitos de petroleros por el Estrecho de Ormuz han vuelto al 95% de los niveles previos al conflicto. Con estas rutas críticas estabilizándose, el riesgo alcista inmediato para los precios se reduce notablemente. Este giro de fondo implica que cabe esperar que sean los fundamentales, y no los titulares, los que guíen la acción del precio.
Debilidad de la demanda, aumento de inventarios y posicionamiento estratégico
Por el lado de la demanda, también se hacen evidentes señales de debilidad, especialmente desde China. La Oficina Nacional de Estadística de China informó recientemente de que las importaciones de crudo de junio cayeron un 4% interanual, su tercer descenso mensual consecutivo. Esta desaceleración en el mayor importador del mundo sugiere un techo claro para cualquier repunte de precios en el corto plazo.
En EEUU, el informe de la EIA de la semana pasada confirmó esta tendencia de enfriamiento al mostrar un aumento inesperado de inventarios de crudo de 2,1 millones de barriles. Esto contrarió las expectativas de una reducción, lo que indica que el consumo interno no es tan sólido como se esperaba en plena temporada alta de conducción en verano. Históricamente, los incrementos de inventarios en verano son un indicador claramente bajista.
Con este telón de fondo, consideramos que vender en los repuntes es la estrategia prudente para las próximas semanas. Comprar opciones put o establecer spreads de puts sobre el WTI ofrece una vía eficaz para posicionarse ante una posible caída hacia la zona alta de los 60 dólares. Esto permite aprovechar el movimiento bajista esperado, al tiempo que se acota el riesgo.
Esta situación recuerda al comportamiento del mercado tras la invasión de Ucrania en 2022, cuando un repunte inicial de precios se revirtió por completo conforme se adaptaban las cadenas globales de suministro. El mercado tiene poca memoria del riesgo geopolítico una vez que la amenaza inmediata remite. Anticipamos que este patrón se repita, con una demanda debilitándose y una oferta normalizándose que empujarían los precios a la baja.
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