Una combinación de ampliación de los déficits fiscales de EEUU, un dólar más débil y el desvanecimiento de las expectativas de un mayor endurecimiento de la Reserva Federal coincide con una acumulación récord de Oro por parte de los bancos centrales y con una competencia creciente por los recursos físicos vinculados a la IA y la electrificación. En los mercados, el Oro cotizó por encima de los 4.400 dólares la onza y la Plata por encima de los 66 dólares, mientras que la probabilidad implícita de una subida de tipos de la Fed en septiembre cayó al 33% desde más del 51% un mes antes. El déficit federal de EEUU totalizó 1,8 billones de dólares en los primeros 10 meses del ejercicio fiscal 2026, ya superior al desajuste de todo el ejercicio fiscal 2025, con dos meses restantes en el actual año fiscal.
China ha añadido un factor adicional mediante una aplicación más estricta de las normas sobre patrimonio en el exterior e ingresos no declarados en el extranjero. Las nuevas reglas apuntan a los trusts offshore, incluyendo un gravamen del 20% sobre las plusvalías cuando ciertos activos se trasladan fuera del país, junto con la tributación de los ingresos generados a través de esas estructuras. Los ETF chinos respaldados por Oro encadenaron este mes 14 días consecutivos de entradas, la racha más larga desde marzo, captando más de 1.200 millones de dólares, incluidos unos 370 millones en una sola sesión. La demanda oficial también aumentó, con el Banco Popular de China comprando 20 toneladas en julio para elevar las reservas declaradas a 2.366 toneladas, extendiendo las compras a 21 meses consecutivos.
Posicionamiento en el mercado de derivados y perspectivas para los metales preciosos
Creemos que los operadores de derivados deberían posicionarse de forma agresiva ante una rotación masiva hacia activos reales en las próximas semanas. Mediante el uso de opciones call de largo vencimiento y contratos de futuros sobre oro, plata y cobre, podemos capturar el potencial alcista de una tendencia macro que se está acelerando rápidamente antes de que se convierta en consenso de mercado. La ventana para establecer estas posiciones alcistas a las primas actuales se está cerrando con rapidez a medida que aumentan las presiones fiscales y geopolíticas.
Nuestra visión está fuertemente respaldada por el debilitamiento del dólar estadounidense y por un déficit federal abultado, que ya ha alcanzado los 1,8 billones de dólares en los primeros diez meses del ejercicio fiscal 2026. Históricamente, cada vez que la ratio deuda/PIB de EEUU ha superado el 120%, los metales preciosos han entrado en mercados alcistas prolongados, conforme los inversores buscan refugio frente a la depreciación de las monedas fiduciarias. Con la probabilidad de nuevas subidas de tipos de la Reserva Federal cayendo hasta el 33% este mes, el camino de menor resistencia para las materias primas es al alza.
Ya estamos viendo esta tesis materializarse en tiempo real: el oro superó los 4.400 dólares la onza y la plata escaló por encima de los 66. Estos hitos reflejan una carrera global más amplia por activos líquidos y resistentes a la inflación, sin señales de desaceleración. Para los operadores de derivados, la compra de spreads de calls sobre futuros de plata u oro presenta ahora una relación riesgo-recompensa altamente asimétrica.
El papel de China y el argumento a favor de los metales industriales
Además, debemos seguir la migración de capital sin precedentes que está saliendo de China, donde el banco central amplió recientemente su racha de compras de oro a 21 meses consecutivos, elevando sus tenencias totales a 2.366 toneladas. Los inversores domésticos también se están volcando en ETF respaldados por oro, inyectando más de 1.200 millones de dólares en estos fondos solo en la primera mitad de agosto de 2026. A medida que Pekín endurece el control sobre el patrimonio offshore con nuevos gravámenes del 20%, ese capital doméstico apenas tiene alternativas más allá de los activos reales.
Más allá de los metales preciosos, también deberíamos apuntar a metales industriales como el cobre, que afrontan severos déficits estructurales de oferta. La Agencia Internacional de la Energía proyecta que la demanda global de cobre superará a la oferta en más de 4 millones de toneladas métricas para 2030 debido a la rápida expansión de los centros de datos de IA y las redes eléctricas. Dado que poner en marcha una nueva gran mina de cobre requiere de media entre 12 y 15 años, este desajuste entre oferta y demanda garantiza un “squeeze” a largo plazo que los operadores pueden aprovechar hoy mediante LEAPs de largo plazo.
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