BNY afirmó que el FMI ha recortado su previsión de crecimiento global para 2026 hasta el 3,0%, lo que apunta a efectos desiguales entre exportadores de energía, economías con fuerte peso tecnológico e importadores de renta baja, y podría marcar el comportamiento de la renta variable. Se espera que el crecimiento repunte hasta el 3,4% en 2027, aunque seguiría por debajo del 3,5% de media registrado en 2024 y 2025. En ese contexto, los mercados se evalúan con valoraciones elevadas, un impulso que se modera y un cambio desde la aceleración hacia la consolidación.
En precios, el FMI prevé que la inflación general mundial aumente del 4,1% en 2025 al 4,7% en 2026, antes de moderarse al 3,9% en 2027, lo que sugiere un estancamiento del proceso de desinflación. El comentario hacía referencia a advertencias del Banco de Japón (BoJ) y de la Reserva Federal de Nueva York de que unos mayores precios de la energía y los aranceles podrían seguir trasladándose a la inflación, junto con riesgos más amplios de estanflación. También citaba riesgos a la baja vinculados a un recrudecimiento del conflicto, la fragmentación del comercio y la posibilidad de una corrección liderada por la tecnología.
Retos para la renta variable y riesgo de estanflación
La reciente rebaja de la previsión de crecimiento global para 2026 hasta un débil 3,0% señala un periodo complicado para la renta variable. Con una inflación general mundial que se proyecta que vuelva a acelerarse hasta el 4,7% en 2026, el entorno económico apunta hacia riesgos de tipo estanflacionario. Creemos que esta combinación de menor crecimiento e inflación persistente justifica adoptar un enfoque de negociación más defensivo en las próximas semanas.
Vemos un mercado que lidia con valoraciones exigentes y pérdida de momentum de cara a la temporada de resultados. Datos recientes muestran que el PER a futuro (forward P/E) del S&P 500 se sitúa en torno a 27, muy por encima de su media histórica de 16, lo que sugiere que las acciones descuentan un nivel de crecimiento que puede no llegar a materializarse. Esto hace que el mercado sea especialmente vulnerable ante cualquier sorpresa negativa.
Posicionamiento defensivo y rotación sectorial
Ante estos vientos en contra, estamos incorporando opciones put de protección sobre grandes índices como el Nasdaq 100 para cubrirnos frente a un posible retroceso. El último informe del IPC de junio de 2026, que salió más alto de lo esperado, en el 4,5%, refuerza nuestra visión de que la inflación aún no está bajo control. En consecuencia, también deberían considerarse posiciones que se benefician de un aumento de la volatilidad, como las opciones call sobre el VIX.
Una corrección tecnológica sigue siendo una de las principales amenazas, ya que este sector es especialmente sensible a unos tipos de interés más altos y a un menor crecimiento. Nos posicionamos para una rotación desde valores de crecimiento sobrevalorados hacia sectores más defensivos. Este entorno recuerda al periodo estanflacionario de finales de los años 70, cuando la elevada inflación y el crecimiento débil desembocaron en un mercado bajista prolongado.
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