Mike Maharrey sostiene que los participantes del mercado deberían priorizar el reconocimiento de patrones de largo plazo frente al ruido del día a día, y argumenta que los “horizontes temporales comprimidos” desde 2008 han sesgado las expectativas sobre qué constituye unas condiciones normales de tipos de interés. Una encuesta de Morningstar concluyó que el 46% de los estadounidenses afirma que actualmente no puede permitirse ahorrar para la jubilación, y una de las opciones de ahorro mencionadas fue acumular metales preciosos desde 100 dólares al mes. Plantea el problema central como un cambio estructural en el mercado de Treasuries de EEUU que podría remodelar la construcción de carteras y la transmisión de la política monetaria.
El episodio apunta a un desacoplamiento entre la política de la Reserva Federal y las rentabilidades del tramo largo: el 10 años subió desde alrededor del 1,5% a finales de 2021 hasta casi el 5% en otoño de 2023, y después se mantuvo elevado incluso mientras caían los tipos a corto. Tras un recorte de 50 puntos básicos del FOMC en septiembre de 2024, el 10 años aumentó desde aproximadamente el 3,65% el 17 de septiembre de 2024 hasta cerca del 4,79% en enero de 2025; en marzo de 2026 estaba cerca del 4,45% pese a unos 225 puntos básicos de recortes adicionales proyectados. El modelo Adrian, Crump y Moench de la Fed de Nueva York situó la prima por plazo del 10 años cerca del 0,6% a finales de mayo de 2026, tras mantenerse cerca de cero o en negativo durante buena parte de la década anterior, y superó el 0,8% el 13 de enero de 2025, el nivel más alto desde 2011. La deuda nacional se aproxima a los 40 billones de dólares; los costes por intereses fueron de unos 1,5 billones de dólares en lo que va del ejercicio fiscal 2026, un 14,2% más interanual, frente a unos 1,22 billones en el ejercicio fiscal 2025, un 7,3% más. Las tenencias de Treasuries de China rondan los 652.300 millones de dólares, el nivel más bajo desde septiembre de 2008, junto con afirmaciones de que el oro ha superado a los Treasuries como principal activo de reserva. La investigación citada muestra que la correlación móvil acciones-bonos pasó de moderadamente negativa en 2003–2021 a alrededor de +0,5 en 2022 y ha promediado cerca de +0,6 desde entonces, mientras que los bancos centrales compraron más de 1.000 toneladas métricas de oro al año durante cuatro años consecutivos, frente a una media de 473 toneladas métricas anuales en 2010–2021.
Cambios estructurales en tipos, mercados de bonos y coberturas
Estamos presenciando un cambio estructural en el que los tipos de interés a largo plazo ya no vienen dictados únicamente por la Reserva Federal, sino por unos déficits fiscales crecientes y los riesgos geopolíticos. Con la deuda nacional de EEUU acercándose rápidamente a los 40 billones de dólares, los operadores de derivados deberían posicionarse para unas rentabilidades estructuralmente más altas en las próximas semanas. Recomendamos centrarse en estrategias bajistas sobre deuda pública de larga duración, como comprar opciones put sobre los principales ETF de bonos o ponerse corto en futuros del Treasury a 10 años.
La prima por plazo de los Treasuries a 10 años ha vuelto a situarse recientemente por encima del 0,6%, lo que muestra que los inversores exigen una compensación mucho mayor por mantener deuda estadounidense a largo plazo. Al mismo tiempo, la volatilidad en renta fija sigue muy elevada, con el índice MOVE rondando 100 frente a su media histórica en periodos de calma de alrededor de 60. Podemos aprovechar este entorno de alta rentabilidad y alta volatilidad operando con swaps de tipos de interés o utilizando spreads de opciones para beneficiarnos de cambios bruscos en la curva de tipos.
La relación tradicional entre acciones y bonos se ha roto de forma estructural, con su correlación móvil manteniéndose claramente positiva en torno a +0,6. Esta correlación positiva implica que las estrategias de cobertura estándar están fallando, dejando a las carteras multiactivo muy expuestas a ventas simultáneas en ambas clases de activo. Aconsejamos a los operadores dejar de depender de derivados de bonos para cubrir el riesgo de renta variable y, en su lugar, utilizar puts directas sobre índices bursátiles u opciones call sobre el VIX para la protección de carteras.
Implicaciones para el oro, la inflación y los activos de reserva
A medida que los bancos centrales canjean de forma agresiva sus tenencias de Treasuries por oro —comprando más de 1.000 toneladas métricas al año—, el metal precioso ha consolidado firmemente su condición de principal activo de reserva global. El oro al contado ha superado este verano niveles históricos de resistencia, apoyado por una desdolarización persistente y una inflación estructural. Sugerimos aprovechar este impulso comprando opciones call de largo plazo sobre oro y plata, o negociando contratos de futuros alcistas.
La Reserva Federal está atrapada en un dilema: recortar tipos para aliviar la carga anual de intereses del Gobierno, de 1,5 billones de dólares, solo reavivará la inflación. La historia muestra que los bancos centrales casi siempre optan por inflar la moneda antes que permitir el colapso del sistema financiero. Para prepararnos ante esta inevitable depreciación, deberíamos establecer posiciones largas en derivados sensibles a la inflación y en opciones sobre materias primas antes de que el mercado incorpore plenamente la próxima ola de relajación monetaria.
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