La libra esterlina ha empujado a la baja el cruce euro–libra durante siete de las últimas ocho sesiones, llevándolo a mínimos de un año, incluso mientras el Reino Unido atraviesa una transición de liderazgo sin un primer ministro ni un ministro de Finanzas confirmados. Las expectativas de tipos oscilaron con rapidez: el lunes, los mercados situaban la probabilidad de una subida del Banco de Inglaterra (BoE) antes de final de año en torno al 70%; el martes la elevaron al 76% y, posteriormente, pasaron a descontarla por completo. La tensión geopolítica también contribuyó, llevando el Brent a máximos de dos semanas y reforzando los riesgos inflacionistas en el Reino Unido. En la reunión de junio, el BoE mantuvo los tipos en el 3,75% con una votación de 7–2, con dos miembros defendiendo el 4,00%; la inflación de servicios se sitúa en el 3,7% frente a una lectura general del 2,8%.
En contraste, el Banco Central Europeo (BCE) viró hacia un tono más restrictivo, pero con escaso arrastre. Elevó la facilidad de depósito al 2,25% en junio, su primera subida desde 2023, y revisó al alza su previsión de inflación para 2026 hasta el 3,0%; sin embargo, los datos más débiles desdibujaron el mensaje: los precios de producción subieron un 5,9% interanual frente al 5,7% esperado, mientras que el índice Sentix mejoró pero se mantuvo en negativo en -3,1. El BCE prevé un crecimiento del 0,8% este año, y el mercado ha reducido el descuento de septiembre hacia un “cara o cruz” después de que, de cara a junio, se contemplaran tres subidas adicionales. El BCE se reúne el 23 de julio y el BoE el 30 de julio; el diferencial de política monetaria ronda los 150 puntos básicos, frente a los aproximadamente 225 de comienzos de año. En el plano técnico, la resistencia se sitúa en 0,8555 y luego en 0,8600, con la EMA de 50 días cerca de 0,8628 y la EMA de 200 días en 0,8655; el soporte está en 0,8519 y después en 0,8500, mientras que el Stochastic RSI diario cerca de 7,55 señala condiciones de sobreventa.
La fortaleza de la libra impulsa la dinámica euro–libra
A la luz de la dinámica actual de mercado, consideramos que la fortaleza de la libra esterlina es el principal catalizador, más que una debilidad específica del euro. Este reajuste de precios está alimentado por un giro significativo en las expectativas de tipos de interés. Las estrategias con derivados deberían posicionarse para aprovechar la ampliación de este diferencial de política monetaria entre el Reino Unido y Europa.
El Banco de Inglaterra está ahora casi seguro de subir los tipos en su reunión del 30 de julio. Los últimos datos, que muestran que la inflación de servicios en el Reino Unido se mantiene obstinadamente elevada en el 5,5%, muy por encima de la tasa general, dejan al banco central con pocas alternativas. Los mercados lo han recogido, y los swaps de índices a un día (OIS) ya descuentan una probabilidad del 95% de subida de tipos este mes.
Por el contrario, la retórica restrictiva del Banco Central Europeo cae en saco roto porque los datos económicos son muy débiles. Las últimas estimaciones preliminares mostraron que el PIB de la eurozona creció apenas un 0,1% el trimestre pasado, una base endeble para cualquier ciclo de subidas. Creemos que el mercado seguirá ignorando a los miembros del BCE hasta que mejore el trasfondo macroeconómico.
Implicaciones, riesgos y estrategia
Esta divergencia apunta a una presión bajista continuada sobre el tipo de cambio EUR/GBP. Por tanto, deberíamos favorecer estrategias que se beneficien de un movimiento hacia el soporte de 0,8500 en las próximas semanas. Vender los repuntes hacia la zona de resistencia de 0,8555 parece el enfoque más directo.
No obstante, debemos reconocer que esta operativa se está volviendo concurrida, con datos recientes que muestran que las posiciones especulativas largas en libra están en máximos de varios años. Una subida del BoE plenamente descontada introduce el riesgo de decepción, lo que podría desencadenar un giro brusco. Por ello, comprar opciones put sobre EUR/GBP podría ser una forma prudente de expresar una visión bajista limitando el riesgo si la tendencia se revierte de forma repentina.
Ahora, toda la atención estará puesta en la reunión del BCE del 23 de julio y en la del BoE del 30 de julio. Ambos eventos serán críticos para confirmar la narrativa de divergencia que ha movido este cruce durante las últimas dos semanas. Cualquier desviación respecto a las expectativas actuales generará una volatilidad significativa.
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