Indonesia registró un déficit comercial de 1.610 millones de dólares en mayo de 2026, frente a un superávit de 89 millones en abril, poniendo fin a una racha de 72 meses consecutivos de superávits mensuales que había comenzado en mayo de 2020. El giro refleja unas exportaciones más débiles junto con unas importaciones firmes, y viene acompañado de un déficit récord en petróleo y gas que reduce el colchón externo que implicaba la anterior racha de superávits.
Los datos también apuntan a fuerzas compensatorias dentro de la composición del comercio. La fortaleza de las importaciones parece ligada a la producción industrial, la inversión y la actividad de *downstreaming*, mientras que las exportaciones acumuladas y los envíos vinculados al níquel asociados al *downstreaming* siguen siendo un elemento de apoyo. El foco se desplaza ahora a si la actividad posterior valida el argumento de inversión impulsada por importaciones, y a cómo la demanda externa y los precios de las materias primas afectan al saldo no petrolero y gasista.
Posicionamiento ante la volatilidad de la rupia
Dado el final del superávit comercial de 72 meses de Indonesia, ahora nos posicionamos para un aumento de la volatilidad de la rupia indonesia. Los datos recientes suponen un cambio importante respecto a una tendencia de largo recorrido, introduciendo una incertidumbre que el mercado no ha tenido que descontar en años. La rupia ya ha mostrado debilidad, superando los 16.500 por dólar en el mercado *spot* la semana pasada.
Lo vemos como una señal clara para considerar la compra de opciones *call* sobre el cruce USD/IDR, que se benefician si la rupia se debilita aún más. Este punto de inflexión, ya sea temporal o el inicio de una nueva tendencia, probablemente elevará la volatilidad implícita, haciendo de las opciones una estrategia atractiva. La cuestión clave es si se trata de un hecho aislado o del inicio de un deterioro estructural.
Cobertura de riesgos de renta variable y materias primas
Para cubrirnos frente a un movimiento bajista más amplio del mercado, también estamos analizando opciones *put* sobre ETF centrados en Indonesia como EIDO. Un déficit comercial persistente podría inquietar a los inversores extranjeros, provocando salidas de capital y una caída del mercado de renta variable. Históricamente, los cambios en el saldo externo de Indonesia han sido un indicador adelantado del comportamiento bursátil.
La causa del déficit —un déficit récord en petróleo y gas— implica que debemos vigilar de cerca los mercados energéticos. Estamos considerando el uso de futuros sobre el Brent para cubrirnos ante subidas del precio del petróleo, lo que empeoraría directamente la balanza comercial de Indonesia y presionaría a la divisa. Mientras tanto, una demanda estable de exportaciones de níquel vinculadas al *downstreaming* sigue siendo un factor de apoyo, configurando un panorama complejo para el conjunto del espacio de materias primas.
Esta situación trae recuerdos de la “rabieta del *tapering*” de 2013, cuando un cambio repentino en la cuenta externa provocó una venta masiva. Señalamos que el Banco de Indonesia ya ha apuntado a un sesgo más restrictivo (*hawkish*), y el mercado descuenta ahora una posible subida de tipos para defender la divisa. Cualquier movimiento del banco central será un factor clave para los derivados de divisas a corto plazo.
En las próximas semanas, estaremos atentos a los datos de inflación de junio y a las cifras de importaciones de China en busca de señales de debilitamiento de la demanda. El próximo informe de balanza comercial será el dato más crítico, al determinar si mayo fue una anomalía o la nueva realidad. Esto guiará nuestra decisión sobre si aumentar nuestras apuestas bajistas sobre la rupia.
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