Los precios del petróleo rebotaron después de que trascendiera que un buque comercial fue alcanzado en el estrecho de Ormuz, lo que llevó al ICE Brent a revertir las pérdidas previas y a cerrar con una subida de más del 2%. Aun así, la inercia bajista ha persistido a medida que la atención volvía a centrarse en la reanudación de los flujos de crudo a través de este cuello de botella. La recuperación del tráfico se ha visto impulsada en parte por la salida del golfo Pérsico de buques que habían quedado varados con anterioridad, lo que sugiere que los flujos podrían moderarse una vez se despeje ese atasco.
El último incidente amenaza con ralentizar aún más los movimientos marítimos, y la Organización Marítima Internacional ha suspendido su plan de evacuación de los buques varados. Por otra parte, la OPEP afronta nuevas tensiones internas tras la reciente salida de Emiratos Árabes Unidos, mientras que el Ministerio de Petróleo de Irak presiona para lograr una cuota de producción más alta y ha afirmado que podría reconsiderar su membresía si no consigue un aumento. Irak, el segundo mayor productor del grupo, tiene una capacidad de producción de casi 4,7 millones de barriles diarios, y un conflicto más agudo reforzaría las expectativas de un escenario de excedentes en 2027.
Los riesgos geopolíticos desafían el impulso del mercado petrolero
Observamos que el impulso bajista del mercado está siendo puesto a prueba por nuevos riesgos geopolíticos en el golfo Pérsico. Los futuros del ICE Brent para entrega en agosto subieron ayer más de un 2% hasta situarse en torno a 78,50 dólares por barril tras el ataque al buque, pero la tendencia general ha sido bajista. Esto crea un entorno tenso en el que los fundamentales compiten con el riesgo de titulares.
La principal presión sobre los precios procede de la recuperación de los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz, que según la analítica marítima han repuntado ya hasta casi 17,1 millones de barriles al día. Esta recuperación de la oferta, combinada con las exigencias de Irak de una cuota más alta en la OPEP, está alimentando el relato de un mercado bien abastecido de cara al próximo año. No obstante, señalamos que buena parte de este flujo corresponde a un atasco de buques que habían quedado varados, lo que podría implicar que un retroceso de los datos de tránsito sea inminente.
Estrategias de volatilidad en un entorno de incertidumbre
Dado este choque entre una oferta que se recupera y repentinos repuntes geopolíticos, creemos que posicionarse para un aumento de la volatilidad de precios es la estrategia más prudente. El índice de volatilidad del crudo de la CBOE (OVX) ya ha aumentado más de un 15% esta semana hasta 34,5, lo que indica que el mercado está descontando oscilaciones de precio más amplias. Por tanto, las apuestas direccionales puras sobre el precio parecen excesivamente arriesgadas en el muy corto plazo.
Estamos valorando la compra de contratos de opciones para las próximas semanas con el fin de aprovechar esta incertidumbre con un riesgo limitado. Un *long straddle*, que consiste en adquirir tanto una opción *call* como una *put* con el mismo precio de ejercicio, podría ser eficaz para beneficiarse de un movimiento significativo del precio en cualquiera de las dos direcciones. Esta estrategia permite ganar tanto con un repunte brusco como con una nueva caída.
No debemos olvidar lo rápido que puede girar el mercado, como ocurrió durante los ataques con drones de 2019 contra instalaciones saudíes, que dispararon los precios del Brent casi un 20% en una sola sesión. Cualquier escalada en el golfo Pérsico o una ruptura de la cohesión de la OPEP podría desencadenar un episodio similar. Por esta razón, mantener posiciones cortas sin cobertura mediante opciones parece poco sensato en este momento.
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